El friso de la vida

Edvard Munch

El friso de la vida. Edvard Munch“Pintar estados de fuerte agitación meramente copiando la naturaleza, o la naturaleza vista en un estado de fuerte agitación, supone un esfuerzo terrible para los nervios. Absorber en pocas horas la naturaleza relativamente indiferente, y después en esas pocas horas dejar que lo visto se filtre por las cámaras del ojo, del cerebro, de los nervios, del corazón, dejar que arda en la pasión. El horno del infierno del alma es extremadamente agresivo para los sistemas nerviosos. (Por ejemplo Van Gogh, en parte yo mismo).

No pinto lo que veo sino lo que vi.”

Friso de la vida es el título del volumen recopilatorio de textos de Edvard Munch que acaba de publicar Nórdica Libros y también el de la serie de cuadros en la que el pintor noruego quiso plasmar, con un enfoque universalista, todos los aspectos de la vida humana, fundamentalmente los vinculados al amor y la muerte. Para comprender esas pretensiones humanistas de Munch, podemos hacer referencia a obras significativas de la literatura mundial como el medieval Espejo del mundo, el teatro de Shakespeare e Ibsen o las novelas de Herman Melville, Gustave Flaubert o James Joyce.

Pero más allá de evocarnos referencias literarias externas, a la hora de comprender el significado profundo de la obra de Munch es imprescindible partir de sus propios textos, en los que volcó, con la misma energía y tono lírico que en sus pinturas, sus obsesiones y pensamientos. No se trata solo de meros comentarios a pie de lienzo de sus obras, sino de escritos con valor literario propio por su lirismo y por la claridad de sus mensajes: además de transmitir en ellos una sensibilidad prácticamente sin medida, Munch experimenta con los géneros, y aunque muchos de ellos estén inacabados, interrumpidos o plagados de tachones, constituyen, en muchos casos, ensayos del pintor sobre sí mismo, un intento por dar cierta explicación teórica a la marea de emociones que transmiten sus trabajos. Explicó la clase de obras que deseaba hacer y el fundamento de series como el propio Friso de la vida.

Hay que recordar que Munch escribió a lo largo de toda su vida, y se preocupó, además, de guardar sus textos, lo que prueba el valor que les confirió y nos permite también percibir la evolución de su lenguaje. En su momento estos textos no se publicaron, pero tenemos pruebas de que el artista no creía que su edición fuera una idea descabellada: era consciente de la calidad y del interés de su obra escrita.

En función de su temática, en la obra de Nórdica encontramos aforismos y reflexiones sobre arte, apuntes y reflexiones sobre su obra, esbozos literarios, diarios íntimos y un relato para finalizar: el lúgubre El gato blanco.

A pesar de su apasionamiento y de mostrarnos que a todo punto de luz corresponde otro de oscuridad que lo devora, estos escritos, a diferencia de su pintura brillante por alucionada, atan a Munch a lo terreno. Se aprecia de forma muy explícita en el caso de su correspondencia (que no forma parte, salvo algún caso puntual, de este volumen), pero también en el caso de los escritos en los que expone sus ideas sobre el sentido del propio arte y sobre qué pretendía con el suyo: En mi arte he intentado explicarme la vida y su sentido. También he pretendido ayudar a otros a aclararse con la vida.

En otro de los textos, tras relatar las numerosas enfermedades que habían afectado a sus parientes, explicaba: No quiero decir con esto que mi arte esté enfermo, como creen Scharfenberg y muchos otros. Esa gente no comprende la esencia del arte y tampoco conoce su historia. Al contrario, cuando pinto la enfermedad y el vicio supone un sano desahogo. Es una reacción saludable de la que se puede aprender y según la cual se puede vivir.

El arte era por tanto, para Munch, una necesidad íntima: No creo en el arte que no se haya impuesto por la necesidad de una persona de abrir su corazón. Todo arte (…) ha de ser engendrado con los sentimientos más profundos. El arte son los sentimientos más profundos.

Es interesantísimo recorrer sus esbozos literarios en paralelo a la contemplación de sus trabajos (sus ilustraciones también se incluyen en el libro). Transmiten desgarro, pero también la lucidez de un artista que se aproximó tanto al conocimiento de sí mismo que fue capaz de describir sus propias sensaciones con la precisión de un observador distante: Paseaba por el camino con dos amigos cuando se puso el sol. De pronto el cielo se tornó rojo sangre. Me paré, me apoyé sobre la valla extenuado hasta la muerte. Sobre el fiordo y la ciudad negros azulados, la sangre se extendía en lenguas de fuego. Mis amigos siguieron y yo me quedé atrás temblando de angustia. Y sentí que un inmenso grito infinito recorría la naturaleza.

Este texto sobre El grito fue el primero en darse a conocer al público y ya en 1890 se tradujo a tres idiomas. Os invitamos a seguir y leer el resto: del mismo modo que las pinturas del noruego son narrativas, estos textos también pueden interpretarse como escenas de la vida de Munch. La interior y la exterior.

TÍTULO: El friso de la vida

TRADUCCIÓN: Cristina Gómez-Baggethun y Kirsti Baggethun

EDITORIAL: Nórdica Libros

PÁGINAS: 188

PRECIO: 25 euros

 

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