Duchamp: pintura nace, pintura muere

El Centre Pompidou arroja nueva luz sobre la obra del dadaísta

Marcel Duchamp. La peinture, même

CENTRE POMPIDOU

Place Georges-Pompidou

París

Artista: Duchamp, Marcel
París,

En el marco de una excepcional monografía, el Centre Pompidou de París busca desde hoy y hasta el 5 de enero cumplir el difícil propósito de ofrecer relecturas novedosas de la obra pictórica de Marcel Duchamp, de quien se dice que mató el medio tras su mala experiencia en la presentación de su Desnudo bajando una escalera en el Salón de los Independientes de 1911: incluso sus amigos y colegas cubistas rechazaron la obra.

Los manuales de historia del arte consideran que sus gestos dadaístas iconoclastas, su invención del ready made y fundamentalmente su presentación de la Fuente-urinario como propuesta artística supusieron el fin de la pintura tal como la conocemos, pero el debate continúa abierto y el Pompidou lo aviva a partir de obras fechadas en su mayor parte en el periodo 1910-1923, poco estudiado en Europa ya que la mayor parte de aquellos trabajos tempranos se conservan en museos estadounidenses. En la exhibición se estructuran temáticamente y se acompañan de piezas de creadores contemporáneos a Duchamp como Manet, Picasso, Léger, Picabia o Man Ray.

EROTISMO Y REINVENCIÓN

El Gran Vidrio ocupa en este debate sobre la muerte o no muerte de la pintura un lugar ambiguo, por su hermetismo y complejidad y por negar y sublimar la pintura a un tiempo. El hallazgo, tras la muerte de Duchamp en 1968, de Étant donnés 1° la chute d’eau 2° le gaz d’éclairage, su probable último trabajo elaborado en secreto durante dos décadas (entre 1946 y 1966) y conectado con La novia desnudada por los solteros, incluso en título y temática, empañó la habitual imagen iconoclasta del artista y subrayó el erotismo presente en el conjunto de su producción.

Marcel Duchamp. L.H.O.O.Q. © Collection particulière © succession Marcel Duchamp / ADAGP, Paris 2014
Marcel Duchamp. L.H.O.O.Q. © Collection particulière © succession Marcel Duchamp / ADAGP, Paris 2014

Al tratar de reinventar la pintura de forma casi obsesiva desde sus inicios, Duchamp construyó su trayectoria desde una enorme coherencia, a partir de constantes búsquedas y dudas. A partir de las caricaturas y desnudos que llevó a cabo en 1910, planteó la vigencia del arte como actividad mental y no material, las relaciones entre texto e imagen y la importancia del voyeurismo: él mismo aseguró, en 1967, entrevistado por Pierre Cabanne, que el erotismo había reemplazado como movimiento artístico al Simbolismo o al Romanticismo, que podría considerarse otro ismo y que lo erótico, y no otras posibles teorías estéticas, era la base de El Gran Vidrio, el punto culminante y final de sus indagaciones en torno a la pintura.

Artista singular y anti-naturalista, Duchamp consideró a Cézanne su punto de partida, admiró el uso del negro en Redon y los poemas de Mallarmé y el aura de sus figuras evoca sus preocupaciones por el subconsciente. De la mano de Impresiones de África de Raymond Roussel se interesó también por el imaginario artístico asociado a la máquina, los cálculos matemáticos y la noción de invisibilidad. Representativa de esta etapa fue su pintura El rey y la reina rodeados de desnudos rápidos.

Inicia la muestra L.H.O.O.Q (1919) (leed en alto para entender su picante significado en francés), una de sus versiones de la Mona Lisa, y tras ella veremos dibujos, caricaturas, juegos y películas que nos invitan a recorrer la evolución de Duchamp, las influencias cubistas, fauvistas y simbolistas de su trabajo y la ironía y el peculiar sentido del absurdo que dominó, sin excepciones, el conjunto de su obra.

 

 

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