Jaume Plensa: asuntos privados en lugares públicos

Presenta su proyecto Invisibles en el Palacio de Cristal

Madrid,

 

Vista de la exposición de Jaume Plensa "Invisibles" en el Palacio de Cristal. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores
Vista de la exposición de Jaume Plensa “Invisibles” en el Palacio de Cristal. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores

El Palacio de Cristal, ya sabéis, es siempre un desafío creativo para todos los artistas invitados a exponer en él, además de una sirena de cristal que te envuelve, según lo ha definido hoy Borja-Villel. Y es también un monumento y un espacio público al que acuden diariamente interesados en arte, turistas y paseantes, como tantos otros en los que ya ha mostrado su obra Jaume Plensa, cuya escultura ha estado a menudo ligada al aire libre y las multitudes. Invisibles, el proyecto que ahora presenta allí de la mano del Museo Reina Sofía, convierte a este Palacio abierto a todos en un espacio también íntimo, imbricando esas dos dimensiones del ser humano y de nuestro día a día cada vez más unidas, por suerte o desgracia, cuando la Red negocia con privacidades.

Consta de tres esculturas con nombre propio (Laura, Anna y Rui Rui), que tapan sus bocas y que, de día y desde el exterior, tenemos que mirar dos veces para encontrar, pero ese carácter íntimo se conjuga, como decíamos que ocurre en el mismo Palacio, tanto con su exposición pública como con su monumentalidad. Son  lenguajes aparentemente antagónicos que el artista, al que hasta ahora no le acababa de llegar el reconocimiento en nuestro país, siempre ha unido sin esquivar la paradoja.

La exposición de esta obra en El Retiro, que coincide con la apertura en el MACBA en diciembre de una antología que repasa su carrera desde los ochenta, ha contado con el comisariado de João Fernandes, quien ha señalado hoy que Invisibles responde a un momento muy particular en la trayectoria de Plensa, un autor perteneciente a una generación de artistas –a la que también podemos vincular a Schütte o Juan Muñoz, en la colección del MNCARS– que comenzó a trabajar en los ochenta y que no creen ni en las fronteras rígidas entre corrientes creativas, ni en que el arte contemporáneo deba desprenderse de la figura humana, esquivando intentos de redefinirla.

A partir de esa figura humana –que él concibe como destino artístico inevitable más que como aproximación histórica al pasado, aunque esté implícita– y de su encaje en los citados espacios públicos, ha venido trabajando Plensa en sonados proyectos internacionales, recuperando debates olvidados por la generación anterior y planteando una producción siempre llena de dicotomías: la presencia de Laura, Anna y Rui Rui puede ser tan invisible como radical. Los juegos de formas y volúmenes patentes en cada una, de lo cóncavo y lo convexo, se integran en el espacio, porque el artista no las afirma en su contra: sus figuras se disuelven, desmaterializan y rematerializan en función de las condiciones lumínicas (son menos perceptibles en días nublados como el de hoy). Se trata de cuerpos que reflejan luz y se dejan atravesar por ella fugazmente.

Toda representación escultórica de una cabeza evoca lo originario; también la ausencia de un personaje o su importancia, en el caso de tratarse de un monumento. Esas convenciones están presentes en Invisibles muy sutilmente, pero como las primitivas imágenes, estas tres efigies de Plensa son una abstracción de todos nosotros y de la condición humana en nuestra relación con el entorno: nos invitan a percibir el espacio, sobre todo el público, de otra manera, y concentran e irradian dicho espacio desde su transparencia.

Vista de la exposición de Jaume Plensa "Invisibles" en el Palacio de Cristal. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores
Vista de la exposición de Jaume Plensa “Invisibles” en el Palacio de Cristal. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores

Plensa, que expuso ya en 2003 en El Retiro, en el Palacio de Velázquez, ha explicado que la oportunidad de llevar a cabo un proyecto específico para el Palacio de Cristal le permitió trabajar en torno a la noción de invisibilidad, que le venía ocupando desde hace años, no solo en su vertiente puramente artística sino en relación con las millones de personas invisibilizadas, por los medios de comunicación y por todos, y con las partes de nosotros mismos que, inconscientemente o no, silenciamos.

Para el artista, el reflejo de nuestros cuerpos individuales coincide con el de los otros, por eso el arte ha de intentar crear puentes entre los individuos y la comunidad, ya que tiene la capacidad de abrir espacios de memoria colectiva. Su propósito al plantear Invisibles fue que cada una de las tres esculturas –piezas vacías elaboradas, por cierto, con mallas de acero– pudiera de algún modo llenarse, completarse, con la mirada de los espectadores, quienes podrán crecer, mejorar la sociedad y decidir quizá, con más atino, lo que merece ser invisibilizado y lo que no.

El gesto de las esculturas de taparse la boca con el índice no debe interpretarse como una orden de callar, solo como un medio para representar visualmente el silencio, con el que Plensa ya había trabajado en algunas obras sonoras, alguna presente en la próxima exhibición del MACBA. Dado que esta es una época de incomunicación y enorme ruido –ha dicho esta mañana el autor– no sabemos llegar al fondo de los mensajes, porque solo nos llega su eco. Entre las personas se crean cada vez más vacíos y a partir de ellos, y esperando contribuir desde su trabajo a estrecharlos, idea proyectos como este.

En el fondo, y aunque no haya aquí en absoluto un trasfondo religioso, estas obras hablan más de espíritu que de materia.

Le habíamos pedido una obra y nos trajo dos, ha dicho Fernandes, porque la irradiación de espacio y luz de estas piezas se transforma de noche, cuando parecen otras. Al Palacio de Cristal puede accederse hasta las seis, cuando estos días comienza a oscurecer –a Plensa le interesaba que esta exhibición se desarrollara en invierno–, pero hasta las diez, cuando cierra el Parque, las Invisibles se iluminan y el edificio se convierte en su vitrina, de modo que el público podrá seguir viéndolas desde otra perspectiva. Así, como apuntaba el comisario, podremos disfrutar de dos exposiciones distintas: la diurna y la nocturna.

Muy diferente será también –ha anunciado Plensa– su próxima intervención en la Plaza de Colón, donde durante un año mostrará una gran escultura, Julia, sobre un pedestal. Será desde el 20 de diciembre.

Vista de la exposición de Jaume Plensa "Invisibles" en el Palacio de Cristal. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores
Vista de la exposición de Jaume Plensa “Invisibles” en el Palacio de Cristal. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores

 

 

Jaume Plensa. “Invisibles”

PALACIO DE CRISTAL

Parque del Retiro 

Madrid

Del 16 de noviembre de 2018 al 3 de marzo de 2019

 

 

 

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